miércoles, 21 de octubre de 2009

Frag. Sobre La Providencia (Séneca)

"Me has preguntado, Lucilio, por qué, si el mundo es regido por la Providencia, les suceden muchos males a los hombres buenos. Esto podría ser contestado fácilmente en el contexto de una obra en la cual intentáramos demostrar que la Providencia preside el Universo y que Dios se interesa por nosotros. Pero ya que te place desgajar del todo una pequeña parte y solucionar una sola contradicción, dejando a un lado la discusión del conjunto, he de hacer algo que no es difícil: defenderé la causa de los dioses. Más que superfluo resulta demostrar en la presente ocasión que una obra tan grande no se conserva sin guardián; que la reunión y la separación de los astros no constituyen movimientos fortuitos; que los productos del azar con frecuencia se descomponen y pronto chocan entre sí; que esta insuperada velocidad que arrastra tantas cosas en la tierra y en el mar, tantas luminarias clarísimas de preordenado brillo, surge por imperio de una Ley eterna; que este orden no es propio de la materia errante; que los cuerpos reunidos casualmente no están con tanta sabiduría suspendidos como para que el enorme peso de la tierra permanezca inmóvil y contemple a su alrededor la huida del rápido cielo, como para que los mares infiltrados en los valles ablanden las tierras y no sufran incremento alguno por los ríos, como para que de semillas pequeñísimas nazcan enormes seres. Ni siquiera aquellos fenómenos que parecen confusos e inciertos- me refiero a las lluvias y a las nubes, al estallido de los rayos que se quiebran y al fuego que se derrama de los rotos vértices de las montañas, a los temblores del suelo sacudido y a los demás hechos originados en la agitada región que rodea la tierra- suceden sin razón, aunque sean repentinos, sino que tienen también sus causas, no menos que aquellos otros que, por aparecer en sitios insólitos, son considerados milagros, como las aguas calientes que se hallan en medio de las ondas marinas y las nuevas extensiones de islas que repentinamente surgen en medio del vasto mar. Y, en verdad, si se observa cómo quedan desnudas las playas cuando el mar se repliega sobre sí mismo y cómo en breves momentos vuelven a ser cubiertas ¿se podrá creer que, por obra de un ciego movimiento, las olas ora se contraen y se vuelven sobre sí mismas, ora irrumpen y con gran rapidez retornan a su sitio, siendo así que crecen conforme a medidas fijas, decrecen en la hora y el día señalado y son más amplias o más reducidas según la intensidad con que las atrae la luna, a cuyo arbitrio está sujeto el desborde del Océano? Queden estas cosas reservadas para su oportunidad, tanto más cuanto que tú no dudas de la Providencia sino que te quejas de ella."

1 comentario:

  1. Esto nos ayuda a ponernos de acuerdo sobre que estamos diciendo cuando decimos "Dios". A grandes rasgos, un espíritu inteligente ordenadr del Kosmos... podria llamárselo "naturaleza" llegado el caso.

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